Amor consciente: celebra sin caer en el consumismo

Escrito por: Claudia Franco Velázquez

El 14 de febrero suele llegar acompañado de una pregunta silenciosa:

 ¿Ya sabes qué vas a regalar?

No siempre es una pregunta inocente. Muchas veces viene cargada de prisa, de expectativa, de la sensación de que algo falta si no hay un objeto de por medio. Nos organizamos con anticipación, buscamos evitar tiendas llenas, pedimos envíos exprés, guardamos ideas en redes sociales. No porque no queramos regalar, sino porque no queremos fallar. Porque pareciera que, en ciertas fechas, no regalar es sinónimo de no importar.

Y en medio de todo eso, pocas veces nos detenemos a preguntarnos por qué.

¿Qué nos hace dar un regalo?

Regalar no siempre tuvo que ver con consumir. En su origen, el regalo era una forma de guardar algo: un momento, un vínculo, una presencia. A través de un objeto se buscaba decir: esto fue importante para mí. No se trataba de acumular cosas, sino de dejar huella.

Con el tiempo, esa intención se fue transformando. Hoy, muchas veces regalamos desde la inercia, desde lo que se espera, desde lo que “toca”. El gesto sigue ahí, pero rodeado de ruido: tendencias, comparaciones, listas interminables, expectativas ajenas. El regalo deja de ser un lenguaje personal y se convierte en una respuesta automática.

No es que regalar esté mal. Es que a veces olvidamos desde dónde lo estamos haciendo.

Cuando el amor se mide en likes

Vivimos rodeados de estímulos. Promociones, mensajes y campañas que nos recuerdan constantemente que hay una forma “correcta” de demostrar afecto. El gesto de regalar, que podría ser íntimo, se vuelve público, medible y comparable.

Las redes sociales amplifican esta lógica. No solo compartimos momentos, también los validamos. El regalo, la experiencia, la foto. A veces pareciera que el amor necesita prueba, evidencia, confirmación pública. Que si no se muestra, no existe.

Las fechas comerciales intensifican esta presión. Nos invitan a demostrar, a cumplir con una expectativa colectiva, a no quedarnos atrás. Y sin darnos cuenta, empezamos a confundir el valor del gesto con el valor de lo visible.

Detenernos un instante

Elegir con intención no es dejar de regalar. Es detenernos un momento antes de hacerlo. Preguntarnos qué queremos transmitir, qué queremos cuidar, qué queremos que permanezca.

El filósofo Byung-Chul Han habla de cómo vivimos inmersos en una sociedad que nos empuja a producir, consumir y mostrarnos constantemente. En ese contexto, detenerse se vuelve un acto casi radical. Pausar, reflexionar y elegir conscientemente va en contra de la velocidad que se nos impone.

Tal vez regalar con conciencia empieza justo ahí: en hacer una pausa antes de comprar, antes de envolver, antes de publicar.

Lo que realmente permanece

Jorge Luis Borges escribió mucho sobre el tiempo y la memoria. Sobre cómo las cosas verdaderamente importantes no siempre son las que se pueden tocar, sino las que se quedan. Quizá por eso algunos regalos nos acompañan toda la vida y otros se olvidan rápidamente.

No por su precio, sino por su intención.

Los regalos que más recordamos suelen tener algo en común: alguien nos escuchó, alguien nos miró con atención, alguien quiso inmortalizar un instante compartido. Son regalos que hablan más de la relación que del objeto.

A veces confundimos demostrar con acumular. Creemos que mientras más grande, más visible o más compartible sea un regalo, más profundo será el sentimiento. Pero materializar un gesto no siempre significa sentirlo, y consumir no es lo mismo que amar. Cuando el exceso entra en la ecuación, lo esencial suele quedar en segundo plano.

Elegir con intención

Este 14 de febrero puede ser una oportunidad distinta. No para hacerlo perfecto, ni espectacular, ni digno de mostrarse. Si no para hacerlo honesto. Para regalar desde el cuidado, desde la presencia, desde la intención.

Desde PROMESA creemos que la conciencia también es una forma de amor. Que elegir con intención es una manera de cuidar a las personas que queremos y al entorno que compartimos.

Porque amar sin exceso no significa amar menos.
Y recordar que lo esencial casi nunca necesita envoltura.

1 comentario en “Amor consciente: celebra sin caer en el consumismo”

  1. Ufff muchas cosas que nos hace pensar, donde aquello que más vale es aquello que no se ve y que no se envuelve, el tiempo, las risas, ese oído y corazón abierto para escuchar al otro.

    Feliz día del amor y la amistad

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