La naturaleza y la ciudad

Biól. César Hernández, educador ambiental.

Antes de iniciar pon tu mente en blanco y durante 5 segundos solo piensa en naturaleza..

¿Por qué nos cuesta tanto trabajo imaginar que la naturaleza vive entre el concreto?

Tal vez imaginaste un bosque, una selva, el mar o una playa, pero no pensaste en una ciudad. ¿Por qué nos cuesta tanto trabajo relacionar las ciudades con la naturaleza? Muy en lo profundo, estamos acostumbrados a pensar el mundo en dicotomías, es decir, en conceptos teóricamente opuestos que popularmente se excluyen uno al otro. Entre los más famosos de la historia encontramos conceptos como el cuerpo y la mente, pero existen otros como la razón y la emoción, el bien y el mal o la ciudad y la naturaleza.

A pesar de que esta idea es muy popular, está equivocada. Las zonas urbanas son hábitats de muchísimas especies, no solo de perros, gatos, palomas y árboles. Una ciudad alberga un sinfín de seres, haz memoria: hormigas, abejas, mariposas, catarinas, lombrices, caracoles, cucarachas, arañas, hongos, lagartijas, murciélagos, colibríes, flores, musgos, líquenes, microorganismos, entre muchos otros.

La próxima vez que estés en la calle tómate un momento para mirar a tu alrededor, olvida que estás en una ciudad y observa un árbol, una jardinera o voltea a ver un parque. Probablemente redescubras un mundo al que hace mucho no le prestabas atención. La naturaleza en las ciudades existe, y es abundante.

¿Sabías que los seres vivos evolucionan dentro de las grandes ciudades?

“Especies silvestres que en un inicio tenían determinadas características, terminan sufriendo modificaciones al desarrollarse en espacios urbanos.”

Tan relevantes son las ciudades en su vínculo con la naturaleza, que incluso se han descrito casos de evolución. Así es, especies silvestres que en un inicio tenían determinadas características, terminan sufriendo modificaciones al desarrollarse en espacios urbanos. Un caso popular es el de los dientes de león, ¿quién no ha soplado esta planta para ver cómo vuelan esas pequeñas estructuras que parecen mini flores?

Esas estructuras que se desprenden y vuelan se llaman aquenios, y cada una lleva una semilla. Gracias a los aquenios y al viento, la planta puede hacer que sus semillas se dispersen a mayor distancia. Pues se ha observado que los aquenios de los dientes de león que viven en la ciudad vuelan distancias más cortas que sus contrapartes silvestres. Antes de continuar piensa un momento, ¿a qué crees que se deba?

La respuesta se encuentra en la disponibilidad de suelo; en las ciudades, las áreas verdes suelen ser reducidas, por lo que si una semilla se aleja demasiado de la planta madre, es probable que caiga en una banqueta de concreto o sobre la calle y se reduzcan sus probabilidades de sobrevivir. Este ejemplo funciona perfectamente para visibilizar que incluso la evolución, un proceso tan complejo y tan relacionado con la “naturaleza”, sucede en las ciudades.

Si la naturaleza siempre ha estado aquí… ¿por qué nos hemos vuelto ciegos a ella?

La respuesta no es simple, y está influenciada por diversos factores, dentro de los que se destacan los sociales.

Por un lado está la percepción, la forma en que nos enseñan a ver el mundo. Lo que está bien y lo que está mal, lo que es bonito y lo que es feo o lo que vale la pena cuidar y lo que no. En esta dimensión es donde se construye la categoría de especie carismática: son plantas, animales o cualquier ser vivo que se vuelve popular, ya sea por su aspecto físico “bonito”, su comportamiento “curioso” o algún servicio ecosistémico “importante”. Esto pasa mucho en las ciudades; por ejemplo en la CDMX, ¿te suenan familiares los ajolotes de Xochimilco? Y qué me dices de otras especies de esa zona, ¿conoces alguna?

Los ajolotes no son los únicos seres que habitan en los canales de Xochimilco (en realidad, por los altos niveles de contaminación, hoy en día es sumamente difícil encontrarlos en vida libre, pero son un buen ejemplo), hay peces, hongos, plantas, insectos, mamíferos, aves, anfibios, reptiles, ¡de todo!, pero no se habla de ellos, eso ocasiona que la idea de Xochimilco se centre en una especie.

“A través de repetir un discurso, dejamos de lado la complejidad de un ecosistema y olvidamos poco a poco la gran diversidad de especies que habitan en él.”

Esto mismo pasa en el parque o el camellón que está cerca de tu casa, prestas atención al árbol más grande o a la flor más colorida, a la mariposa más bonita o a la libélula más rápida, a la paloma menos temerosa o a la ardilla más curiosa, prestamos atención a una o dos especies que nos gustan y dejamos de ver todo lo demás.

Abre bien los ojos, observa todas las especies que te rodean..

El precio de la prisa: ¿Cuándo fue la última vez que te detuviste a escuchar un ave?

El ritmo de vida también influye. En la actualidad, tener el tiempo de poner pausa a tus actividades y ser consciente del lugar en el que estás, es un lujo. Nos despertamos temprano para ir al trabajo o la escuela y cuando nos damos cuenta ya vamos tarde, salimos de casa corriendo, tomamos el transporte público, nos apresuramos y llegamos a una oficina o un salón de clases donde pasaremos todo el día. Al salir tenemos otras cosas que hacer o ya es noche, terminamos cansados, lo que queremos es llegar a casa.

Esto se repite todos los días y cuando menos nos damos cuenta, ya pasó un mes, un año, o una vida.

¿Cuándo nos vamos a dar el tiempo para disfrutar las cosas bonitas que la naturaleza nos regala?

  • Escuchar el canto de las aves.
  • Sentir la frescura de la sombra de un árbol en un día soleado.
  • Disfrutar con la familia la tranquilidad al sentarse en el pasto de un parque.
  • Percibir el olor de la tierra mojada después de la lluvia.

Date la oportunidad, hazte el tiempo, disfruta de la naturaleza que te rodea..

Los beneficios invisibles: ¿Qué hace la naturaleza por ti todos los días?

Finalmente, reconoce y agradece lo que nos da. ¿Has notado la diferencia de temperaturas cuando caminas en una calle sin árboles y cuando caminas en otra donde sí hay? A esto se le conoce como servicios ecosistémicos, son los beneficios que las personas obtenemos de los ecosistemas que hay dentro de las ciudades, y así como este ejemplo existen otros:

  • Filtración de agua: Los suelos con vegetación permiten que el agua de lluvia se filtre mejor, reduciendo el riesgo de inundaciones y favoreciendo la recarga de mantos acuíferos.
  • Aire limpio: Las plantas en general, gracias a su proceso de respiración, nos ayudan a tener aire más limpio.
  • Producción de alimentos: Los insectos y otros animales sostienen la producción de alimentos a través de la polinización.
  • Control biológico: Algunas especies se comen a otras, evitando que ciertas poblaciones se vuelvan demasiado abundantes y ocasionen problemas.

Además de los servicios ambientales ya mencionados, existen otros que impactan de manera mucho más directa y personal a la gente. Las áreas verdes dentro de las ciudades como parques, camellones o deportivos, suelen ser utilizados como espacios recreativos, las personas se relajan y se divierten, al tiempo que las redes comunitarias se fortalecen, los vecinos platican y los niños juegan, influyendo de manera positiva en su salud física y psicológica.

Una nueva forma de mirar nuestro entorno

Así que ahora dime, ¿sigues pensando que la ciudad y la naturaleza son cosas distintas y distantes? ¿O será que tu perspectiva cambió?

Debemos repensar a la ciudad y a sus habitantes. Este blog es una invitación a reconocer a la naturaleza y nuestra estrecha relación con ella, a ver de manera distinta las ciudades, la naturaleza y la vida.