¿Qué es la empatía selectiva en el ambientalismo?

Escrito por: Constanza Díaz Castrejón

Vivimos en tiempos donde las noticias resultan cada vez más desalentadoras, con crisis de magnitudes fuera de nuestro alcance que parecen llevar a futuros inciertos.  Pero como humanos poseemos una cualidad importante, que nos permite sentir lo que otros sienten e imaginar lo que supondría encontrarnos en situaciones similares: la empatía.

La empatía representa la intención de escuchar, sentir y actuar. Desarrolla la conciencia y nos permite expresar compasión. A gran escala, la empatía es lo que nos impulsa a actuar frente a ciertas problemáticas. Pero, de forma consciente o inconsciente, decidimos a qué causas prestar atención y cuáles quedan fuera de nuestro radar.

Este patrón no es casual: nuestra capacidad de empatizar no funciona de la misma manera en todos los casos. Esto significa que la empatía también tiene sesgos, a lo que se le conoce como empatía selectiva.

Pero esto, ¿qué tiene que ver con el ambiente?

De hecho, está más relacionado de lo que te imaginas… y seguramente has sido partícipe de ello.

En 2015, se viralizó un video en redes sociales de una tortuga marina con un popote de plástico atorado en su cavidad nasal. El video es tan impactante que despertó un llamado urgente al cambio a partir de la reacción emocional masiva de los espectadores, convirtiéndose rápidamente en un tema de conversación global.  Esto impulsó el surgimiento del famoso movimiento “Save the turtles”, cuyo objetivo es generar conciencia sobre la contaminación marina por plásticos de un solo uso, utilizando a las tortugas como símbolo emblemático.  

Imagen: The Nature Conservancy

A partir de ello, las personas comenzaron a adquirir un nuevo sentido de conciencia hacia el uso de plásticos, reflejado en cambios notables en sus hábitos cotidianos, empezando con la decisión de rechazar el uso de popotes con la ya conocida frase “sin popotes por favor”. Y poco a poco, restaurantes locales, franquicias alimentarias y compañías enteras se sumaron a estos esfuerzos.

Cualquier acción a favor del ambiente y la reducción de residuos plásticos es valiosa y suma. Sin embargo, este ejemplo nos invita a detenernos y reflexionar: ¿por qué sólo ciertas causas logran movilizar acciones colectivas con tanta fuerza, mientras otros problemas ambientales permanecen fuera de la conversación?

La empatía selectiva se esconde en prácticas diarias que hemos normalizado sin cuestionar. Podemos pensar, por ejemplo, en la comida para llevar en cualquier restaurante. Mientras que los popotes de plástico han sido eliminados en muchos establecimientos por compromisos ambientales, otros residuos de un solo uso como bolsas, envolturas, cubiertos y tapas continúan siendo parte del consumo diario. Esto no quiere decir que los popotes sean el único residuo dañino o el que más contribuye a la contaminación de nuestros océanos, sino que fueron los que lograron convertirse en el símbolo más reconocible del problema.

Imagen: Yorkshire Wildlife Trust 

La empatía no es negativa, más bien funciona como el detonante y principal motor del activismo. El impacto del movimiento se debe a la respuesta emocional que logra despertar en nosotros: las tortugas representan animales encantadores que habitan en ecosistemas que comúnmente asociamos con la belleza. Sin embargo, no todas las especies ni todos los ecosistemas amenazados corren con la misma suerte.

No todas las especies generan la misma respuesta. Algunas se convierten en símbolos de conservación, mientras que otras pasan desapercibidas. En ese proceso, ecosistemas enteros se degradan en silencio y comunidades que dependen de su entorno quedan fuera de la conversación. Reconocer estas ausencias no invalida el movimiento, sino que nos permite cuestionar el alcance limitado de nuestro sentir.

Cuando nuestra atención se centra en un solo símbolo, como los popotes, la empatía se vuelve cómoda. Hace que el problema parezca más simple de lo que realmente es y nos lleva a conformarnos con la idea de que ya hemos hecho suficiente, alejándonos de aquello que realmente marca la diferencia: cuestionar los modelos de consumo y producción, el manejo de residuos, la justicia ambiental y todas las desigualdades en el sistema que sostiene a la crisis ambiental. Adoptar hábitos responsables con el ambiente es importante, pero no suficiente si no vienen acompañados de conciencia e intención.

Con todo esto no quiero decir que tengamos que sentir menos ni dejar de conmovernos; aquello que nos mueve es el punto de partida que compartimos como humanos. El verdadero reto está en desafiar la comodidad, cuestionarnos y extender nuestra empatía más allá de lo visible. Se trata de sentir también desde la información y no solo desde la emoción, y de atrevernos a construir una visión global que reconozca la profundidad de los conflictos socioambientales, transformando esa emoción inicial en compromisos profundos y colectivos.

Referencias:

Nas Daily. (2019, 28 de diciembre). The Plastic Straw Dilemma. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=mJ3znEGZG7s

Nast, C. (2022, 24 de junio). Why do we seem to care more about some news issues than others? Glamour UK. https://www.glamourmagazine.co.uk/article/selective-empathy-ukraine-afghanistan

Rodríguez, H. (2020, 3 de agosto). La conservación y el problema de la empatía selectiva. Www.nationalgeographic.com.es. https://www.nationalgeographic.com.es/naturaleza/conservacion-y-problema-empatia-selectiva_15784

Trevathan, E. (2019, 24 de septiembre). “Save the turtles” and the plastic straw phenomenon. The Rubicon. https://www.rubiconline.com/save-the-turtles-and-the-plastic-straw-phenomenon/

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