Menstruación sostenible

Más allá de las copas menstruales y las toallas de tela.

La forma en que menstruamos hoy, no es inevitable. Es el resultado de decisiones industriales, económicas y culturales que, lamentablemente el último siglo, transformaron la menstruación en un sistema de consumo basado en productos desechables. 

Este modelo suele presentarse como universal, cuando en la realidad depende de algo que no siempre está garantizado: acceso a agua, baños funcionales, privacidad y sistemas de gestión de residuos. Cuando estas condiciones no existen, la menstruación deja de ser solo una experiencia biológica y revela algo más profundo: las desigualdades ambientales también se viven en el cuerpo. (UNICEF; WASH United)

La menstruación como mercado

Es sabido que durante una buena parte de la historia, la menstruación se gestionaba con materiales que se lavaban y reutilizaban. Con el desarrollo de la industria de higiene personal en el siglo XX, las toallas sanitarias desechables comenzaron a popularizarse ofreciendo una promesa clara: comodidad, discreción, “higiene” y rapidez, sí, rapidez.

Este nuevo modelo resolvía supuestas incomodidades asociadas al lavado de materiales y se integraba fácilmente a un estilo de vida cada vez más acelerado, urbano e industrializado. 

Fue en ese momento que la menstruación pasó de ser vista como un proceso natural a un nuevo espacio de consumo y descarte; dominando hasta hoy el mercado global.

Un sistema construido sobre ciertas condiciones

Algo importante a poner sobre la mesa, es que este modelo desechable solo funciona cuando existen ciertas condiciones materiales, como: 

  • acceso constante a productos menstruales
  • dinero para comprarlos de manera regular
  • baños donde puedan cambiarse con privacidad
  • sistemas de recolección de residuos
  • infraestructura sanitaria básica

por mencionar algunas.

Cuando alguna de estas condiciones falta, la discusión sobre la gestión menstrual se vuelve más compleja.

En muchos contextos, las personas se ven obligadas a improvisar soluciones, prolongar el uso de productos o limitar ciertas actividades cotidianas, y es aquí, donde podemos ver que el sistema actual no está diseñado para todas las realidades. (INMUJERES)

Repensar la gestión menstrual sin soluciones universales

Ahora bien, es cierto que en respuesta al impacto ambiental de los productos desechables, en los últimos años han ganado visibilidad distintas alternativas reutilizables: copas o discos menstruales, toallas de tela o ropa interior absorbente.

Sin embargo, estas opciones tampoco deben entenderse como soluciones universales. 

El uso de productos reutilizables depende de factores que también varían mucho entre contextos: aceso a agua limpia, espacios seguros para lavar y secar materiales, privacidad, información y confianza en el propio cuerpo.

A los cuales se suman dimensiones culturales, religiosas y personales que influyen profundamente en la forma en que cada persona vive su menstruación. Para algunas personas, por ejemplo, la idea de usar ciertos productos puede entrar en tensión con tabúes, creencias o experiencias corporales que merecen ser respetadas.

Por eso, es importantísimo pensar la gestión menstrual desde una perspectiva socioambiental que nos invite a reconocer sí o sí que no existen soluciones válidas para todas las personas. Las formas de vivir, entender y gestionar la menstruación están atravesadas por contextos culturales, condiciones ambientales e infraestructuras que varían enormemente entre territorios y cualquier conversación sobre la menstruación que ignore esa diversidad, corre el riesgo de simplificar una realidad profundamente desigual.

La pregunta que realmente importa…

Algo que es importante señalar es que, cuando la conversación se centra únicamente en qué producto es “mejor” o cuál tiene “menor impacto”, se pierde de vista una pregunta más relevante y profunda: ¿qué condiciones permiten realmente gestionar la menstruación con dignidad?

El acceso a agua, saneamiento, información y entornos seguros sigue siendo profundamente desigual en muchos lugares del mundo. Por ello, hablar de menstruación desde una perspectiva socioambiental implica reconocer estas interdependencias entre cuerpo, ambiente e infraestructura. (UNICEF, 2021; UNESCO, 2014)

Porque hoy día menstruar no es solo una experiencia biológica ni una decisión de consumo, sino una experiencia profundamente condicionada por las desigualdades del entorno en el que vivimos.

Y es ahí donde una de nuestras formas de resistir puede ser justamente esa: nombrar y cuestionar el sistema que lo sostiene, abriendo conversaciones que reconozcan la diversidad de realidades en las que las personas vivimos la menstruación. 

Referencias

  • UNICEF (2021). Guidance on Menstrual Health and Hygiene.
  • UNESCO (2014). Puberty Education & Menstrual Hygiene Management.
  • WASH United. Información sobre salud menstrual y el movimiento global por la dignidad menstrual.
  • Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES). Información sobre pobreza menstrual en México.

1 comentario en “Menstruación sostenible”

  1. Monserrat Sanchez Reyes

    Guaaaa!! Yo nunca había visto así el tema de menstruación sostenible. Y la perspectiva que manejan en este blog es súper interesante e invita mucho a la reflexión.

    Sigan generando este tipo de contenido.

    Felicidades a la autora 🙂

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